¿MARICÓN Y DE DERECHAS?
Un 19,7% del colectivo LGTBIQA+ vota al PP. Un 9,1%, a Vox. Y muchos lo hacen sabiendo que esos partidos jamás han impulsado una ley que los proteja. ¿Por qué?
En los últimos meses, desde Untoxic Magazine hemos recibido mensajes, datos, reacciones, insultos, reflexiones, pantallazos y testimonios que nos llevaron a hacernos una pregunta incómoda: ¿por qué una parte del colectivo LGTBIQA+ vota a partidos que niegan su existencia?
Para responder, no bastaba un eslogan o un post viral. Hacía falta mirar de frente a un fenómeno que mezcla miedo, privilegio, desmemoria, neoliberalismo y un deseo desesperado de pertenecer. Lo hicimos. Este reportaje es el resultado.
¿Qué ha hecho la derecha por ti?
Ni el Partido Popular ni Vox han impulsado jamás una sola ley que proteja al colectivo LGTBIQA+. Al contrario: votaron contra el matrimonio igualitario, bloquearon la Ley Trans, intentaron eliminar contenidos LGTBIQA+ de las escuelas y se refirieron a nuestra existencia como “lobby” o “ideología”. Lo suyo no es una diferencia de opinión: es un proyecto político que considera nuestra vida una amenaza.
Y sin embargo, una parte del colectivo sigue votándolos.
El perfil del votante: miedo o comodidad
Según datos de FELGTBI+, un 19,7% del colectivo vota al PP, y un 9,1% a Vox. En su mayoría son hombres cis, blancos, de clase media-alta, mayores de 40 años. No votan desde el miedo, sino desde el confort. Ya no sienten la homofobia como algo que les afecte. La han amortiguado en pisos céntricos, trabajos estables, barrios “seguros” y círculos sociales sin grietas.
Pero que tú no sufras la homofobia no significa que no exista. El privilegio no te hace libre: solo te aleja del daño. Y desde esa lejanía, se vota con indiferencia, como si los derechos fueran individuales y no colectivos.
No eres libre: estás domesticado
Esa tranquilidad no es libertad. Es una burbuja. Un pacto tácito con la norma. El precio: callar lo incómodo, censurar lo que molesta, parecerse al enemigo para no ser señalado. La derecha no quiere maricas libres, quiere maricas útiles. Discretos. Que trabajen, que consuman, que no besen en público ni exijan políticas públicas.
Y si no molestas, te toleran. Pero en cuanto incomodas, pasas a ser amenaza. No luchan por ti: te usan como coartada.
Votar como si no pasara nada… sí pasa
Lo más preocupante es que quienes votan a la derecha desde este privilegio no solo lo hacen por ellos. Al hacerlo, bloquean derechos que tal vez nunca necesitaron. Usan su paz como excusa para ignorar la violencia. Y eso, en términos colectivos, es brutal. Votar a la derecha por “economía”, mientras otras personas pierden nombre, leyes o refugio, no es una diferencia ideológica: es la definición exacta de egoísmo político.
Porque el colectivo no se construyó con individualismo. Se construyó con red, con refugio, con calles llenas. Votar como si vivieras en una isla no es libertad: es traición.
No es ideología: es supervivencia
Este reportaje no va de moral, ni de identidades, ni de culpabilizar a nadie. Va de vidas. Hay menores trans que no pueden cambiar su nombre, personas racializadas que no pueden denunciar agresiones, personas sin casa que no caben en ningún refugio. Mientras tanto, una parte del colectivo vota desde la comodidad, convencida de que todo va bien porque para ellos lo está.
Pero si solo estás bien tú, no estamos bien. Y si tu voto no defiende a otres, está atacando.
La memoria también vota
Ser LGTBIQA+ no debería ser una cuestión de suerte. No votes desde la comodidad. Vota desde la memoria. Porque el silencio también vota. Y lo que no denuncias, lo estás permitiendo.
Un texto de Edu Salas
Puedes comprar un ejemplar de Untoxic Magazine pinchando aquí o si lo prefieres una versión digital aquí.