De la igualdad a la exclusión: el nuevo insulto institucional de Ayuso
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha decidido recolocar oficialmente al colectivo LGTBIQA+ donde, simbólicamente, la derecha siempre nos ha querido tener: fuera. Los nuevos presupuestos autonómicos eliminan la presencia de la diversidad sexual y de género del ámbito de Igualdad y la trasladan al de Exclusión Social. Ya no somos una ciudadanía con derechos; somos un grupo asistido, tutelado, gestionado como si nuestra existencia fuera un problema social más que una cuestión de igualdad.
El movimiento no es un error técnico ni una cuestión semántica: es un mensaje político calculado. Lo explicaba la diputada de Más Madrid, Mariana Arce: “Tener todas las políticas LGTBIQA+ dentro de la Dirección de Igualdad es lo correcto; sacarlas a Exclusión Social ya te está diciendo algo”. Y ese “algo” apesta a ideología ultraconservadora, a nostalgia de los márgenes, a la vieja idea de que la diferencia no es un derecho, sino una desviación que hay que contener.
Desde las asociaciones Arcópoli y COGAM han hablado claro: “Nos relegan del ámbito de la igualdad al de la asistencia. Se nos deja de reconocer como ciudadanía con derechos para tratarnos como un colectivo vulnerable, sin entender que nuestra vulnerabilidad no es inherente a quienes somos, sino consecuencia de un sistema que aún discrimina y margina”.
Lo que Ayuso vende como reorganización administrativa es, en realidad, un paso más dentro de un proyecto que lleva años desmantelando las políticas LGTBIQA+ de la región. Primero eliminó la Subdirección General de Igualdad LGTBIQA+, luego recortó las subvenciones específicas y ahora borra las partidas del presupuesto. Las entidades solo pueden presentar proyectos al IRPF, dentro de una línea raquítica de apenas 700.000 euros. Los programas educativos contra la LGTBIfobia, antes presentes en los colegios, han sido expulsados de las aulas. Todo encaja: menos derechos, menos dinero, menos visibilidad.
El proyecto de presupuestos de 2026 coloca todo lo relacionado con el colectivo dentro del programa 232E – Integración, participación social y lucha contra la exclusión. Un título que suena a compasión burocrática y que borra de un plumazo décadas de lucha por el reconocimiento pleno. “Simbólicamente, nos ponen en la tesitura de competir con otras realidades ya infrafinanciadas. Nos quieren pequeñas, irrelevantes”, denuncian desde COGAM.
Nada de esto es casual. En 2023 Ayuso ya intentó recortar la ley LGTBIQA+y la ley trans de Madrid, hasta que el Tribunal Constitucional le recordó que los derechos no son propiedad de la Puerta del Sol. En 2024 redujo a la mitad los fondos para luchar contra la violencia de género y en 2025 recortó las acciones educativas en igualdad. Ahora completa el círculo, diluyendo los derechos LGTBIQA+ en el magma gris de la “asistencia social”.
Hay que ser tonto —o cómplice— para no ver el patrón. La derecha lleva años intentando convertir la igualdad en caridad. Nos arrancan del feminismo, nos sacan del marco de los derechos humanos y nos sientan en la fila de la beneficencia. Lo hacen con un lenguaje administrativo impecable, pero el fondo es brutal: quieren devolvernos a los márgenes.
Y lo peor no es solo el recorte económico. Es la simbología. Pasar de igualdad a exclusión es, en términos institucionales, una degradación moral. Nos dicen que nuestra existencia ya no pertenece al espacio de la dignidad, sino al de la asistencia. Que el problema no es la discriminación, sino nosotros.
Esto no va solo de Madrid. Lo que está probando Ayuso puede ser el modelo que la ultraderecha copie en otras comunidades: sustituir derechos por ayudas, políticas por asistencias, ciudadanía por vulnerabilidad. La vieja estrategia de siempre: desactivar al enemigo reduciéndolo a víctima.
En un momento histórico donde las leyes LGTBIQA+ y trans están en la diana, este gesto de “reorganización” institucional es una declaración de intenciones. No quieren políticas de igualdad, quieren volver a tratarnos como anomalía social.
Qué vergüenza. Ni sutileza ni elegancia: pura violencia con membrete oficial.
Pero no nos devuelven a los márgenes: nos empujan hacia ellos, y ahí no nos quedamos. Porque no nacimos para agradecer migajas, sino para reclamar lo que nos pertenece: igualdad, memoria y derechos.
Y eso, ni Ayuso ni nadie podrá presupuestarlo.
Un texto de Edu Salas