CLOSET MONSTER de Stephen Dunn por Tony Muñoz
Hoy voy a hablar de una película que tenía muchas ganas de compartir, pero en esta ocasión voy a hacerlo de una forma distinta a la habitual. Voy a analizar el film con sus elementos y simbología, por lo que, si aún no la has visto, te aviso: habrá spoilers. Pero creo que vale la pena comentar esta película a fondo. En cualquier caso, por desgracia, este título no se encuentra disponible en España para verlo, pero espero que pronto alguna distribuidora de cine independiente o plataforma decida adquirir los derechos, porque es una película que es imposible no recomendar.
Se trata de Closet Monster, una película canadiense del año 2015, ganadora del premio a mejor película canadiense en el reconocido Festival Internacional de Toronto. Es una producción independiente escrita y dirigida por Stephen Dunn.
Con una estética muy cuidada, esta película nos sumerge en el mundo interior de un niño al que, desde muy pequeño, la sociedad ya le está moldeando y corrigiendo para imponerle sutilmente la masculinidad hegemónica.

La película comienza con una entrañable escena en la que un niño de ocho años, Oscar, se prepara para ir a dormir y le pide a su padre que le dé un sueño. Entonces, el padre procede a inventar un sueño para él esa noche. El sueño está rodeado de elementos terroríficos, pero pronto se da cuenta de que no puede ser una pesadilla o el niño los despertará a medianoche, así que comienza a meter elementos agradables, como “mujeres sexys”.
Pronto descubrimos que no es una familia tan feliz como pensábamos. Los padres discuten y la madre decide dejar al marido. En este punto, Oscar, que es solo un niño, no entiende otra cosa sino que su familia se desmorona; además, su padre le dice que su madre los está abandonando, por lo que él reacciona contra ella, pese a que ella le intenta explicar que no le está abandonando.
El niño comienza a hablar con su hámster, quien, sorprendentemente, le responde. Se trata de una hembra que parece ser una representación del mundo interior, los pensamientos y el subconsciente de un niño que se siente solo y no comprende los cambios a su alrededor.
Todo a su alrededor le está enseñando cómo debe comportarse si quiere ser un hombre. El rechazo hacia la homosexualidad está a la orden del día. Esto queda patente en el comentario que le hacen unas niñas durante un juego: “Tienes algo en las uñas”, le dicen. Oscar extiende la mano para comprobarlo y todas comienzan a reírse diciendo que los hombres no se miran así las uñas y que, si lo hace así, probablemente sea gay. Él es tan pequeño que muy posiblemente no entienda ni qué significa eso; solo comienza a saber que es algo que hay que rechazar, porque así se lo dice su entorno.
En este punto se vive una de las escenas más terribles de la película y que supone un punto de inflexión en la mente de este niño. Animado por las historias que le cuenta su padre por la noche, quiere ser el salvador de un chaval que está sufriendo bullying, por lo que coge una estaca mientras su hámster le anima a ir a salvarle. Él sigue a los agresores, que se llevan a la víctima hasta un cementerio. Ve cómo le están propinando una paliza y, cuando, armado de valor, va a ir a por ellos, los agresores, al escuchar que alguien se acerca, salen corriendo. Oscar se acerca hasta la víctima para ver si está bien, y la imagen que ve —una barra metálica ensangrentada y una persona tirada en el suelo— lo perturba enormemente, y sale huyendo. La imagen no nos muestra más, pero a continuación vemos al padre y a Oscar viendo las noticias: hablan de que un chaval ha quedado inmovilizado de cintura para abajo tras la agresión. Oscar, que no comprende lo que ha visto, le pregunta a su padre por qué le han hecho eso, a lo que el padre tranquilamente responde: “Era gay”. Ahí entendemos que la brutal agresión fue penetrarle con la barra metálica. A continuación, el padre le dice a Oscar: “¿No te había dicho que te cortes el pelo? Lo tienes muy largo”. Oscar, que ha comprendido que en la sociedad no hay espacio para nada que pueda ser asociado a la homosexualidad, se corta el pelo a tijeretazo limpio en el baño.
Oscar se ha hecho adolescente. La relación con su padre no es muy buena. A su madre la evita, pues siente que le abandonó de pequeño para formar su propia familia, y él se pasa el tiempo en su cabaña del árbol, hablando aún con su hámster y trabajando en su proyecto de maquillaje de efectos especiales para el cine. Es a lo que quiere dedicarse y, sobre todo, quiere marcharse de allí, irse a Nueva York y estar alejado de sus padres. Tiene una amiga con una relación muy difusa, que le ayuda y sirve como modelo para su trabajo como maquillador y fotógrafo.

Comienza a trabajar en una tienda, donde conoce a un chico que le atrae mucho. En una escena en la que le presta una camiseta, al devolvérsela, Oscar quiere masturbarse oliéndola; sin embargo, no puede hacerlo porque le vienen las imágenes de la agresión homófoba que vio de pequeño, como si su mente intentara corregir su propio comportamiento. Es tan fuerte el miedo que comienza a sentir como si fuese él mismo quien tiene la barra introducida en su interior e intenta salir por su estómago.
En este punto de la película tenemos varias escenas que son relevantes. La primera es que, en uno de los momentos en que Oscar está en casa de la madre, ella le pregunta si sabe dónde está su gorro de piel: era de su abuela y le gustaría recuperarlo, pero el padre de Oscar le dice que no lo tiene, aunque ella sabe que sí. Oscar sigue desconfiando de su madre porque le abandonó. Ella le dice que no le abandonó, que simplemente necesitaba salir de ahí porque la situación con su exmarido y padre de Oscar era insostenible.
La siguiente escena relevante es Oscar inspeccionando su armario, donde vemos que están guardadas las pertenencias de su madre, y, al preguntarle a su padre por qué no se las devuelve, este dice que ya no le pertenecen, que no lo merece. Es puro despecho.
Esto es relevante porque van cambiando las tornas: Oscar y el espectador van viendo que ni la madre era tan mala ni el padre es tan bueno.
También es importante que, en uno de los momentos en los que su nuevo amigo le acompaña a su casa del árbol y conoce a su hámster, le dice: “Es un macho, no una hembra”. ¿Oscar siempre lo asoció con una hembra porque le permitía explorar su lado femenino sin culpa?
La siguiente escena importante es nuevamente de Oscar frente al armario. El chico del trabajo que le gusta le ha invitado a una fiesta de disfraces, así que él escoge ropa de su madre para disfrazarse. Entre las cosas, se pone el gorro de piel. El padre entra en la habitación y violentamente intenta quitarle esas cosas porque “no son suyas”, y le dice que no va a ir a esa fiesta de “maricones”. Oscar, en un arrebato de ira porque no aguanta más la situación, patea a su padre dentro del armario y sale corriendo a la fiesta con su “disfraz”.

En este punto creo que la película ya se relaciona con el título y nos hace preguntarnos quién es ese monstruo en el armario del que habla el título: ¿es la madre y sus pertenencias que quedan dentro del armario?, ¿es el padre que literalmente ha sido pateado dentro del armario?, ¿o el monstruo es el propio interior de Oscar, que lucha por salir y vivir la vida que le corresponde y le niegan?
Oscar acude a la fiesta, pero su nuevo amigo está besándose con otra chica y él, drogado y despechado, se lía con otro chico en el baño. Se besan, tienen sexo, pero Oscar siente como si tuviese la barra metálica introducida hasta su estómago. Acaba vomitando tornillos tras el sexo —vomita el metal que siente que le han introducido, intenta expulsar la culpa— y se desmaya. Su amigo le despierta y le acompaña hasta la casa del árbol, pues no puede volver a su casa con su padre, y allí, los dos, tumbados en la cama, reflexionan sobre lo sucedido. Oscar malinterpreta un movimiento de su amigo y piensa que le quiere besar, pero no era eso. Oscar se siente avergonzado, pero su amigo le hace ver que no hay motivo de vergüenza y comienzan a hablar sobre la identidad de Oscar, sobre su deseo y sobre sus dudas. Oscar está confuso: no sabe quién es, no sabe qué siente… Nunca se ha besado con un hombre por amor y no por sexo. Su amigo le besa para ver si siente algo y, aunque Oscar lo siente como un río fluyendo al fin tras haber estado retenido durante demasiado tiempo, finge no saber si ha sentido algo.
Cuando Oscar regresa a su casa, su padre ha destrozado su habitación y ha matado a su hámster. Este punto de inflexión sirve para que Oscar pueda vencer al monstruo interior y, aunque siente que la barra intenta atravesar su estómago, él se arma de valor, se saca la barra del estómago y, con ella, amedrenta al padre y le encierra en su propia casa. Ha vencido al monstruo.

La película acaba con un funeral improvisado al hámster en una barquita que va a ser soltada en el mar. Instantes antes, en la mente de Oscar, el hámster recobra la vida y hablan por última vez, haciéndole saber que nunca fue el mismo hámster (“Eso es imposible, me cambiaron por lo menos cuatro veces cuando eras pequeño”), lo que refuerza que la personalidad que Oscar le daba al hámster no era más que su propio subconsciente queriendo hablarle.
Un review de Tony Muñoz.