MASPALOMAS por Tony Muñoz
Maspalomas es de esas películas que te apena especialmente pensar que no la vayan a ver los hombres heterosexuales de cierta edad. Y si algún despistado entra en la sala, se saldrá a los pocos minutos, pues empieza fuerte… Pero ¿no es más fuerte pensar en lo que muchas generaciones de personas LGTBIQA+ tuvieron que pasar? Qué pena que haya tanta gente que se niegue a verla y a conocer una realidad tan dura.
Es una película que no te deja indiferente, que en ocasiones duele, y que nos pone frente al espejo de cómo dejamos de lado a las personas mayores en nuestra sociedad, y de cómo muchas de ellas tienen que volver al armario en las residencias, con la soledad que eso conlleva.

El protagonista, Vicente (José Ramón Soroiz), es un anciano de 76 años que vive en Maspalomas junto con un amigo, disfrutando del sol, de la fiesta, del sexo y de todas las cosas que no pudo disfrutar de joven por su sexualidad, en una España donde la homosexualidad era castigada legal y socialmente. Vicente es divorciado; dejó a su mujer y a su hija cuando, a los 50 años, se enamoró de un hombre y decidió vivir aquella historia de amor que siempre se le había prohibido. Ahora, recién separado de su pareja, solo quiere disfrutar de todo lo que se ha perdido y no regresar a su San Sebastián natal, que para él es sinónimo de represión. Sin embargo, la edad no perdona, y sufre un ictus que le impide valerse por sí mismo. Su hija, con quien apenas tiene relación, decide hacerse cargo de la situación e interna a su padre en una residencia para mayores en San Sebastián. Vicente tendrá que enfrentarse de nuevo a la realidad de un entorno donde expresar su orientación sexual y vivir su vida como hombre gay, del mismo modo que hacía en Maspalomas, está vetado.
La película aborda temas tan poco tratados como las personas mayores LGTBIQA+ y el sexo en la tercera edad. Nos enfrenta a una realidad que nos resulta incómoda porque nos negamos, como sociedad, a aceptar que las personas mayores no son simplemente abuelos: también son personas con deseos y necesidades, y sufren soledad y estigmas que ningún ser humano debería padecer, independientemente de su edad.

El protagonista no es perfecto, lo sabe, pero ¿quién lo es? ¿Está mal la vida que lleva por ir de fiesta o hacer cruising a su edad? ¿Acaso la sociedad no le ha privado durante casi toda su vida de experimentar el sexo o el amor? Vicente es consciente de las víctimas que ha dejado en el camino (sobre todo su hija), pero ¿acaso no tenía derecho a vivir su vida en lugar de una mentira?
La evolución de la relación entre padre e hija y las interpretaciones de ambos actores son, sin duda, lo mejor de esta película, a la que auguro muchos premios. Desde luego, en el Festival de San Sebastián, donde se estrenó, no dejó a nadie indiferente, y José Ramón Soroiz se alzó con una merecidísima Concha de Plata a la mejor interpretación. Del mismo modo, la película obtuvo el Premio Sebastiane, el galardón LGTBIQA+ del festival.

Es una película arriesgada en lo comercial: temática LGTBIQA+, en euskera, cruising, sexo en la tercera edad… y, aun así, es una película necesaria. Porque el cine no solo tiene que ser comercial; es totalmente necesario utilizar el altavoz que supone para visibilizar realidades como estas.
No obstante lo anterior, no me parece nada desdeñable la cifra de recaudación a la fecha en que escribo este artículo, pues en su segunda semana tras el estreno la recaudación se ha mantenido en la misma cifra respecto a la semana anterior, una rareza en la taquilla actual, lo cual es un claro indicador de que el público está disfrutando y recomendando la película. Espero que acabe cosechando un buen resultado (que estoy seguro de que no era el esperado) y que esto sirva de impulso para hacer más cine que conciencie sobre estas realidades que, por mucho que no hablemos de ellas, existen y no van a dejar de existir.
Porque las personas LGTBIQA+ no dejan de serlo cuando se hacen mayores, y el respeto a su identidad es algo que deberíamos trabajar entre todos como sociedad.
Un review de Tony Muñoz.