EL SILENCIO DE LA LAVANDA de Tony Muñoz
Con El silencio de la lavanda, Tony Muñoz debuta en la literatura con una historia que huele a verano, deseo y contradicción. Finalista del Premio Literatura Diversa 2025, su primera novela sitúa a un adolescente en la España rural y le regala aquello que a muchas personas LGBTIQA+ se nos negó: la posibilidad de vivir un amor de verano en libertad. Cineasta de formación, Tony escribe con mirada visual, casi como si sus páginas fueran planos, y rescata los silencios, las miradas y los paisajes como protagonistas de un relato de autodescubrimiento queer.
En esta entrevista para Untoxic Magazine, hablamos con él sobre adolescencias robadas, el peso de los entornos rurales, la influencia del cine en su escritura y el reto de escribir historias queer.

UX: El silencio de la lavanda sitúa a un adolescente en plena España rural, rodeado de campos infinitos y silencios incómodos. ¿Por qué elegiste este escenario como punto de partida para un relato de autodescubrimiento queer?
TM: Son varios los motivos que me llevaron a situar esta historia en este entorno. Por un lado, quería ante todo hablar de algo que a nosotras las personas LGBTIQA+ nos arrebataron a la fuerza y fue la adolescencia, con todo lo que ello implica. Con ello nos privaron de la posibilidad de explorar el primer amor con la intensidad y la vorágine emocional que precisamente le es propia a esa etapa vital. Mientras nuestros amigos y amigas vivían sus amores de verano en el pueblo durante los veranos, nosotros ni de lejos podíamos soñar con ello, ya fuese porque ni siquiera éramos aún conscientes de quienes éramos realmente por la educación recibida por parte de la sociedad y la falta de referentes con la que habíamos crecido o, para quienes ya eran conscientes de su propia orientación sexual, simplemente por miedo, porque haber dado ese paso podría (y por desgracia aún a día de hoy sigue pasando) costarles su propia integridad física o su salud mental en una etapa en la que todo se magnifica. Es en este sentido donde quería darle la oportunidad a un personaje gay de experimentar como habría sido ese amor de verano en su pueblo tal y como puede vivir cualquier otro adolescente con todo lo que ello supone…
Por otro lado, y quizás más importante, tanto el pueblo, como sobre todo la lavanda, funcionan como un personaje más de la historia. Son testigos mudos no solo de la historia que va a vivir Raúl, el protagonista, sino del cambio interno que él sufre y ese cambio se externaliza y se muestra en el entorno. Ese entorno idílico que este personaje al principio no es capaz de ver es un reflejo de su propia confusión interna con respecto a quién es, qué siente y qué se está perdiendo. Por ello en gran parte del libro, cuando el protagonista avanza en esa aceptación y vive la historia que siempre quiso vivir es cuando el entorno se muestra idílico, “perfecto” y la lavanda es un reflejo de esa calma y belleza.
UX: Raúl y Roberto se encuentran en un cruce de miradas que lo cambia todo. ¿Cómo trabajaste la tensión entre lo explícito y lo sugerido para narrar el deseo adolescente?
TM: Cuando eres consciente de que tu propia integridad física está en juego si muestras abiertamente tu interés hacia una persona de tu mismo sexo sin saber cómo ésta lo va a recibir no te queda más remedio que buscar otros métodos de comunicación, como la mirada, que te permitan conocer sin arriesgar demasiado si a esa persona también le gustas o no. Esto es una de las cosas que más me fascinan porque es todo un lenguaje que hemos desarrollado como comunidad sin haberlo hablado antes y quería reflejarlo en mi novela. Por eso son tan importantes las miradas en esta historia, porque en esas miradas no se dice nada, pero se está diciendo todo. Esas miradas confunden a los personajes, pero a la vez activan algo dentro, como si fuese gasolina para un motor apagado.
UX: En tu historia, el verano funciona como un espacio de tránsito, de transformación. ¿Qué peso tiene este “tiempo suspendido” en tu manera de narrar?
TM: Las estaciones en esta historia funcionan como un reflejo de la propia evolución de la historia que vive el protagonista. El verano empieza y trae con él la belleza, la luz, el calor, los días interminables, el olor de las flores de lavanda…. Es un periodo de crecimiento, de felicidad y donde solo tiene cabida lo idílico. El otoño, por su parte, es precisamente la perdida de la inocencia, la oscuridad, el frío… Esta creo que es una historia agridulce, porque creo que esa es la realidad de nuestras adolescencias, un periodo agridulce y quedarme solo con una de las dos partes, la belleza o el dolor, sería no ser fiel a la verdad de cómo vivimos aquella etapa.
UX: Vienes del mundo audiovisual y del cine. ¿De qué manera esa formación influyó en tu escritura? ¿Piensas las escenas casi como secuencias de película?
TM: Creo que mi forma de escribir y de estructurar las historias está muy influenciada por el cine. De hecho, algo que me dicen mucho los lectores desde que se publicó la novela es que describo muy detalladamente los entornos, lo que les hace más fácil imaginarse el lugar y cómo se sentiría estar allí y para mí eso es todo un halago, porque esto es precisamente porque yo como escritor necesito crear una imagen visual del lugar y de lo que está sucediendo primero para mí, para ser capaz de verlo en mi cabeza y segundo para que el lector perciba la escena como si fuese una película.
UX: El libro ha quedado finalista del Premio Literatura Diversa 2025 con tu primera novela. ¿Qué significó para ti recibir ese reconocimiento tan pronto?
TM: Ha sido uno de los momentos más felices de mi vida. Esta novela era muy importante para mí. A mí siempre me ha gustado escribir. Yo vengo de familia de poetas como mi Yaya o su hermano, pero yo siempre había escrito textos cortos, nunca había sido capaz de sentarme a escribir una novela hasta que la vida me dio el parón que supuso la pandemia. Esta historia había estado dando vueltas en mi cabeza durante diez años, precisamente desde que yo era adolescente, y fue en 2020 cuando me decidí a sentarme frente al ordenador y tirarme horas y horas dándole forma. Sin embargo, como era mi primera novela tenía miedo de que no fuese lo suficientemente buena y la guardé durante años en un cajón. Solo dejé que la leyeran un par de amigos hasta que precisamente uno de ellos me habló de este premio y me dije: “bueno inténtalo, no pierdes nada…”. Cuando me llamó Ismael, el gerente de la Editorial Siete Islas, para decirme que había quedado finalista lo recuerdo como uno de los momentos más felices de mi vida y todo lo que vino después: la entrega del premio en el pride de Maspalomas frente a miles de personas, atender a medios de comunicación, firmar en la Feria del libro… Ahora que lo tengo más asentado lo recuerdo como si fuese un sueño.
UX: ¿Hubo referentes literarios, cinematográficos o personales que te inspiraron al escribir El silencio de la lavanda?
TM: Desde luego, por un lado, en lo personal durante todos esos años en los que la historia maduraba en mi cabeza conocí a muchos gays, lesbianas y bisexuales que me contaban sus historias y vi que la mayoría de nosotros teníamos algo en común y era el momento en que “nos habíamos dado cuenta” de quienes éramos, y esa vivencia compartida me inspiró para dar forma a mis personajes. Por otro lado, desde hace muchos años soy un gran lector de novelas románticas queer y tengo grandes referentes como Patricia Nell Warren, una de mis escritoras favoritas, de quien he leído absolutamente todo y cuya novela “El corredor de fondo” supuso un antes y un después en mi vida y, por otro lado, me considero un absoluto fan de Call me by your name, tanto de la película que fue lo que primero descubrí de casualidad en un festival de cine, como del libro de André Aciman. Creo que no tiene comparación con ninguna otra novela el modo en el que tanto el libro como la película trabajan el verano y el mundo interior de los personajes.
UX: La historia habla de autodescubrimiento, deseo y miedo. ¿Qué parte de los personajes tienen algo de ti?
TM: Aunque tanto esta historia, como los personajes son ficticios, tanto yo como cualquier otro escritor mentiría si dijese que no hay nada de mí en ellos, pues al final vemos el mundo a través de nuestra propia realidad y vivencias y como escritor cuando cuentas una historia siempre estás dejando parte de ti, quizás no de tus vivencias, pero sí de como lo habrías experimentado tú, como te habrías sentido, etc. El momento del autodescubrimiento, como ya he comentado es una vivencia compartida que hemos pasado muchos de nosotros, yo incluido, y por supuesto también he vivido el deseo, pero también, como hombre gay, el miedo al rechazo por parte de la sociedad.
UX: ¿Crees que sigue siendo difícil narrar historias queer en entornos rurales en España? ¿Qué silencios siguen pesando más en nuestra cultura?
TM: Es un tema muy complicado, porque yo curiosamente no tengo pueblo, yo soy de Madrid y toda mi familia es de ciudad, y a mí en la ciudad ya me resultó complicada la adolescencia siendo gay no me quiero imaginar en un pueblo… Por suerte en las grandes ciudades, y con los años, la cosa ha mejorado, pero la realidad es que en los pueblos sigue siendo más complejo. Las costumbres y los “lo que debería ser” siguen muy arraigados y no todo el mundo es tan abierto de mente.
Los silencios que más siguen pesando en nuestra cultura hoy en día creo que son los referentes a las personas trans. Son el colectivo que más odio y violencia sufre y por desgracia va en aumento, por eso es absolutamente imprescindible que como colectivo no callemos y estemos ahí para ellas, ellos y elles, porque si no fuese por ellas todas las demás siglas del colectivo seguiríamos viviendo en el silencio.
UX: Tu prólogo lo firma Juan Carlos Parrilla, del Pasaje Begoña, espacio histórico de resistencia LGTBIQA+. ¿Qué importancia le das a vincular tu obra con esta memoria colectiva?
TM: Es para mí un honor que una institución como Pasaje Begoña y su vicepresidente hayan hecho el prólogo de mi novela. Tuve el inmenso placer de conocer a Juan Carlos y a Jorge, presidente de la asociación, durante la entrega de premios en Canarias y conocer de primera mano la labor que hacen ellos y la historia del Pasaje Begoña y creo que, como en otras muchas ocasiones, ponemos en valor los movimientos sociales que hay fuera de nuestras fronteras pero nos olvidamos de las personas que lucharon y sufrieron a pocos kilómetros de nosotros y me parece digno de admiración que ellos se esfuercen tanto por recuperar ese pedazo de nuestra memoria y de nuestra historia.
UX: ¿Cómo imaginas que reciban la novela los lectores jóvenes que atraviesan procesos de descubrimiento similares a Raúl?
TM: Mi intención siempre fue visibilizar nuestra realidad, nuestra adolescencia y transmitir el mensaje de “no estabas solo, somos muchos los que lo vivimos” y creo que eso reconforta. Por eso considero esencial y fundamental que se cuide la cultura LGBTIQA+ porque necesitamos tener referentes que nos visibilicen no solo para que los demás nos entiendan, sino para nosotros no sentirnos solos.
UX: ¿Ya tienes en mente nuevas historias o proyectos literarios? ¿Seguirás explorando lo queer o quieres abrir otros caminos narrativos?
TM: Sí, la verdad es que tenía un bloqueo muy grande con el hecho de tener esta novela guardada en un cajón desde hacía 5 años, pero el hecho de que se haya publicado y que haya gente escribiéndome para decirme que les ha removido las entrañas me ha animado a volver a la carga. Tengo una nueva novela entre manos, pero también un guion en mente, y ambos por supuesto tratan sobre realidades queer, porque considero muy importante hablar de ello porque si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará, o peor aún, lo hará una persona que desconoce nuestras vivencias y nos reducirá a clichés. Soy consciente de que con estas historias nunca me voy a hacer multimillonario como J.K. Rowling, pero yo al menos duermo con la conciencia tranquila por la noche, no sé si ella puede decir lo mismo.
COMPRA «EL SILENCIO DE LA LAVANDA» Y VÍVELO
