(NO) ME DA MIEDO LA SOLEDAD por Jonatan de Blas

(NO) ME DA MIEDO LA SOLEDAD

Tengo miedo de morir solo. No considero que sea un miedo irracional y creo que soy lo suficientemente maduro como para profundizar en el concepto de “soledad”. Pero es algo que me asusta, y cada año soy más consciente de ello.

Como persona LGTBIQA+ soy muy conocedor de este concepto. La soledad es uno de los primeros estados a los que nos enfrentamos. Por obligación incluso, me atrevería a decir. Lo conocemos desde bien pequeños y, en ocasiones, constituye nuestro primer recuerdo. Es algo muy doloroso y, si bien nadie te prepara para esta primera toma de contacto, se siente como algo ajeno, impuesto y se nos arrebata la oportunidad de remediarlo.

El rechazo, la exclusión, elbullying… son muchas las formas de hacer sentir sola una persona. Sin embargo, con los años y siempre con las defensas puestas, conoces a gente afín a ti y que acaba por erradicar ese sentimiento de soledad que nos atenaza. Pueden ser familiares, amigos, profesores, parejas… No hay un remedio más efectivo contra la soledad que el cariño genuino compartido por los demás. Pero la soledad también puede causar espejismos.

Estar en una fiesta o en una sala rodeado de gente no es sinónimo de estar acompañado. Al igual que tampoco lo es estar en pareja o estar soltero. Repetid conmigo: “Estar soltero no es estar solo”. Y es que muchas veces nos sentimos más solos que acompañados cuando estamos con una persona con la que no somos felices.

Lo guay de cumplir años (no, las arrugas y las marcas de expresión no lo son; gracias Retinol y skincare) es comprender el alcance de este concepto y la importancia de saber estar bien acompañados. Y, para el autor que escribe estas líneas, aún más importante es saber estar solo.

Sí, sí, habéis leído bien. Es imprescindible saber estar solos. Porque gran parte de nuestra vida hemos estado solos. Y puede que, en algún momento del futuro, también lo estemos. Y, aunque nos angustie, muchas veces no dependerá exclusivamente de nosotros.

Creo que uno de mis mayores logros en la vida ha sido aprender a estar por mi cuenta, sin necesidad de compartir espacios ni vivencias con otra persona constantemente. No obstante, y a pesar de amar mis momentos en solitario y de disfrutar mi soledad como el que más, es innegable que en ocasiones la sombra del futuro se cierne sobre mí y me ahoga poco a poco.

¿Con quién compartiremos nuestras vidas el día de mañana? ¿Seguirán todos nuestros amigos con nosotros para compartir recuerdos? ¿Superaremos la muerte de nuestros seres queridos? ¿Estamos preparados para no hablar con nuestras personas comodín a diario? Son muchas las preguntas que nos vienen a la mente y es por ello por lo que no podemos evitar el duelo y la confrontación con la soledad por siempre.

De hecho, si hay algo que podemos asegurar con certeza es que ese temido día va a llegar. Vamos a tener que enfrentarnos a ello. Nos guste o no. La soledad es un espectro lo suficientemente amplio y complejo como para poder huir constantemente. Y no podemos hacer nada más allá de concienciarnos. Pero solo por la oportunidad de manifestarlo y de compartirlo, yo ya me siento mucho mejor. Porque sé que estos párrafos son honestos, y buscan desestigmatizar un sentimiento que no tiene por qué ser únicamente negativo. Algunos de mis mejores momentos los he vivido yo solo. Y siempre he conseguido sacarme adelante por mí mismo. Así que es hora de abrazar mis miedos. Y, si los tengo, enfrentarme a ellos.


Ten miedo, sí. Pero también supéralo y crece a partir del mismo.


Un texto de Jonatan de Blas